El don de cada día
Ayer por la noche llamaba a una querida amiga, a una mami preciosa, como yo la llamo, para ver qué tal estaba su marido, aquejado de una gravísima enfermedad. Una semana antes me había llamado para decirme que estaba muy malito. En su voz se nota tristeza, pero también paz, cariño, aceptación... y mucho, mucho amor. Me dice que está mejor y que pueden disfrutar del don de cada día. Es una frase sencilla, que a ella le sale de manera natural, (lo que te da una idea de cómo es su corazón, su vida) pero que no es habitual oírla. El don de cada día, el regalo de cada día. En una situación como la suya, cobra aún más sentido el regalo de cada día. Me voy a dormir con esa reflexión, por la que paso de puntillas a veces.
En otoño

Sigo yendo a trabajar en autobús y pasando por la Casa de Campo. En otoño está preciosa. Es el único momento del día en el que tengo naturaleza a la vista y algo de luz natural en otoño. Esta mañana sonaban además dos canciones, una nueva y otra más antigua... Pero las dos me recuerdan a Munich, como el paisaje, y ponen banda sonora al momento de paz sin cansancio que se impone a la noche.
Nueva vida rayo de luz por mi ventana avisa de otro día. Ojos de Brujo Yo que vivo en la luna Estopa
Ternura, caricia, como angelico de la guardia velas cada esquina.
No imagine que algo tan bello y tan autentico iba a pasar.
quiero darte mi granito de arena.
Tú vives en una laguna
de la noche prisionera,
de risas inoportunas.
Llantos que valen la pena,
cárceles de amargura,
palabras que son cadenas
¿Por qué no cumples
tu condena de noches en vela?
Que soy yo tu trena...
Mi sobrino
El sábado por la mañana lo tenía todo programado: compra, limpieza, compra (otra vez) con mi padre, lavadoras... Pero me llama mi hermano y me dice que "tengo que ir", que el niño tiene la tripa mal y que "tengo que ir". En fin. Mi madre, en su reposo absoluto aún, me mira y me da "vía libre". Cuando llego, mi sobrinito sonríe al verme, gruñe un poco para que lo saque de su corralito y acto seguido se me queda hecho un trapillo apoyado en mi hombro. No es normal en él. No le gustan los brazos y si lo tomas es porque vas a enseñarle algo, darle una vuelta, mirar por la ventana (se parece a su tata en esto) Le doy algo así como biberón y medio de suero mientras mi hermano consulta todas las páginas pediátricas de internet y su madre sufre desde el trabajo por ese retortijón del niño. Mientras, él y yo en el sofá nos dedicamos a la vida contemplativa... Vemos sus dibus, nos quedamos mirando las musarañas... Luego se duerme en mis brazos. Y la vida cambia, se para... No hay estrés, no hay prisa, no hay nada más importante que velar su sueño. Le observo, todo en él me parece perfecto. Y agradezco ese momento de paz. Y lo atesoro como la perla más valiosa, para siempre.
La tinta de tus ojos
Otra canción maravillosa de Cabrel que me sale al encuentro en una de mis viejas cintas. Llevo tarareándola toda la mañana.
L’encre de tes yeux
(...)
Je n’avais pas vu que tu portais des chaînes.
À trop vouloir te regarder,
j’en oubliais les miennes.
On rêvait de Venise et de liberté.
J’aimerais quand même te dire
tout ce que j’ai pu écrire
c’est ton sourire qui me l’a dicté.
No había visto que llevabas cadenas.
De tanto mirarte olvidé las mías.
Soñábamos con Venecia y libertad.
Quisiera decirte
que todo lo que he escrito
tu sonrisa me lo dictó.
Tu viendras longtemps marcher dans mes rêves.
Tu viendras toujours du côté
où le soleil se lève.
Et si malgré ça j’arrive à t’oublier
j’aimerais quand même te dire
tout ce que j’ai pu écrire
aura longtemps le parfum des regrets.
Durante mucho tiempo seguirás caminando en mis sueños. Vendrás siempre por donde sale el sol. Si, pese a todo, llegara a olvidarte, quisiera decirte que todo lo que he escrito tendrá por mucho tiempo el aroma de la añoranza. Qué bonito... vendrás siempre por donde sale el sol...
Días de hospital
Hay veces que por la noche me gustaría sentarme a escribir en un cuaderno, un libro en blanco de los que me regalaba Lola, o diarios, de los que me traía mi padre de pequeña... Hasta que volví de Munich me gustaba escribir... Tengo docenas... Ahora me sigue gustando, pero llego tan cansada que mi mente repasa antes de dormir lo que me gustaría escribir y no puedo, y luego, si estoy inspirada, y me dejan, lo escribo aquí al día siguiente... Pero la magia de la noche se pierde... Ayer llegaba una vez más a Madrid. Aunque no era como las otras. Mientras iba a la estación de Albacete, me iba tragando literalmente las lágrimas. Seis días intensos de hospital con la persona que me dio la vida y a la que adoro, mi madre. Salir precipitadamente del trabajo, coger el primer tren. Llegar y verla en una cama. Con muy buen humor, como es ella. Al día siguiente, la operación, en su ojillo izquierdo. Esos ojos redondos, llenos de vida, que brillan como pocos he visto. El día del láser y el desmayo en mis brazos. Creo que nunca me he asustado tanto. Mantener la cabeza fría pero con el corazón temblando al ver que no reaccionaba. Enfadarme con el médico... ¿Cómo se puede abandonar a una paciente así? De verdad, que mis experiencias con la medicina últimamente dejan mucho que desear. Enfermeras fantásticas, pero no puedo decir lo mismo de este "profesional". Las noches en el sillón, me recordaron tanto a las pasadas con mi abuelo... La paciencia de mi madre, su sonrisa, su buen humor... Escuchar lo que le leía del Hno. Rafael y de Isabel de la Trinidad (¡parecía un retiro!). Hasta mi padre cogió el libro. Las conversaciones con Sor María al final del día. De las pocas monjas que se pueden encontrar en la sanidad pública.Tan buena, con tanto humor, esa gracia cordobesa... Esa vocación vivida con amor y coherencia. Hacer de enfermera de la paciente de al lado, cumplir un poco con mi vocación frustrada... Los relevos de mi padre para ir a ver a mi sobrino y "despejarme" un poco. Es difícil expresar lo que el corazón siente cuando alguien tan pequeñito te abraza espontáneamente mientras juegas con él en su corralito. Y ayer el alta, gracias a Dios, y entre el cansancio y la pena, venirme con el corazón encogido. No sé cuántas veces la he llamado esta mañana. Sé que está bien, y que la veré el viernes. Pero tengo un no-sé-qué... Y contaría tantas cosas de estos días de hospital... Y esta canción que oía esta mañana llegando a trabajar: Me acuerdo de ti camino de Madrid;
las cuatro gotas de un otoño que recién llegó,
sacó la ropa de sus maletas y se instaló.
Y llegaste tú y llenaste de luz
las rejas viejas de la baranda de mi balcón,
que hacía tiempo que no iluminaba mi habitación.
Cosas aburridas
Hace tiempo que no lloraba con una película, llorar de emoción, de ternura... y lo más llamativo es que sea con una película de dibujos animados. Lloré con Up. No lloré al principio, que es cuando, los que la habían visto, me decían que era más entrañable. Lloré casi al final... Casi casi al final del viaje... Lo que realmente eran las Cataratas Paraíso. El verdadero viaje, el verdadero destino (para mí)
Y la frase del niño, que me encantó, cuando hablaba de su padre, al que apenas veía: "Tal vez parezca aburrido, pero sólo recuerdo las cosas aburridas..." Esa maravillosa rutina vivida con las personas que quieres, ésa que se echa de menos cuando de repente no está. Porque de pequeñas cosas está llena la vida. Y cuando no están, se echan de menos. También, o más, las aburridas.
Seguiré pidiendo una ventana
A veces, este espacio, es la ventana por la que no puedo mirar. Así que, cuando tengo cierta tristeza, agobio, si puedo, vengo y me asomo. Hoy es de esos días en lo que pediría una ventana, y no estar peleada con la informática cuando tengo que presentar cosas importantes y que corren mucha prisa, y presentarlas bien, cuando apenas tienes tiempo material porque te "avisan con el golpe". Improvisaré, paso a paso.
Recuerdos de una peregrinación. II Parte
Conforme se pasan los días se diluyen un poco las vivencias. El día a día, el trabajo que exige en estos tiempos una total concentración... Cuando llego a casa y veo alguno de los pocos recuerdos que me traje de Italia, casi todos de Asís: una Tau, un rosario de Santa Clara, el Cántico de las Criaturas de San Francisco... recuerdo aquellos días llenos de sol. Sólo el último día nos cayó el diluvio universal en Roma, y me compré una capa azul, con la que no veía nada y con la que llegué hasta la Piaza Navona. Habrá que volver para verla con sol, dicen que en aquella plaza se celebraban regatas... Roma es otra maravilla. Llegamos el viernes y la vimos de noche desde al autobús. Al día siguiente, sábado por la mañana, me quedé con Mª Carmen en una terracita enfrente de San Pedro charlando. Tiene 63 años y se casa el mes que viene, por primera vez... Hablamos horas mientras el resto veía los museos vaticanos (yo ya los había visto en el 2000) . Nuestro pañuelo azul al cuello, distintivo de la peregrinación, y del "santo". Canonizaban a 5 y cada uno tenía su pañuelo, aunque evidentemente los santos son de todos. El del Hno. Rafael era azul. Por la tarde, vigilia en el "Gesú" como preparación a la canonización. Muy bonita, aunque hubo que salir corriendo para ver no-sé-qué-monumento... En fin... Me encontré con el sacerdote con el que fui a Roma, qué ilusión más grande. Me lo volvería a encontrar a las puertas de San Pedro dos días después. El día de la canonización. Otro madrugón. Una marea humana enfrente de las puertas para pasar por los arcos detectores. Después de una espera algo larga, conseguimos entrar y sentarnos. Cinco minutos antes de empezar me entero que la celebración va a ser dentro de la basílica y no en la plaza porque había estado lloviendo hasta las 6 de la mañana. Qué gran decepción. La seguí lo mejor que pude, pero con el calor que hacía y el cansancio acumulado ¡me quedé dormida! Un poco de oración personal antes de empezar y terminar con el Ángelus en la plaza con el Papa es lo que más recuerdo de la canonización.
Recuerdos de una peregrinación. I Parte
Hace años que conozco al Hno. Rafael. Estos días atrás, en la peregrinación con motivo de su canonización, me han preguntado varias veces cómo "di con él". Hace años, allá por el 94, me compré un libro que se llama "Para encontrar a Dios", del Padre Clemente de la Serna. Es una colección de textos y autores maravillosamente escogidos que me encantó al hojearlo en la librería. Siguiendo mi costumbre de abrir este tipo de libros al azar, una noche me topé con el Hno. Rafael y sus "Piruetas de los nabos". Fue una revelación. Me confirmaba el camino que yo estaba siguiendo desde mi conversión y que me marcaba Santa Teresita (mi quinto Evangelio)
A los pocos días en la parroquia, se lo comenté a Lourdes, amiga del alma, compañera de camino, hermana. No dijo nada. Compartió mi alegría y en Navidad (quedaban pocos días) me regaló un librito que se llamaba "Saber esperar", de este monje trapense. El Hno. Rafael necesitaría mil post... Basta decir que pocas veces he conocido un alma tan alegre, tan enamorada de Cristo crucificado, de María (la Señora), con un humor tan fino que a veces te hace reír leyendo sus cartas o meditaciones. Con una confianza tan absoluta en Dios en medio de su cruel enfermedad (una diabetes sacarina que acabó con su vida a los 27 años) que me pone a mí en evidencia antes la más mínima contrariedad. Ese amor a la Cruz de los santos que es todo un misterio. Leer sus escritos en un bálsamo para el alma
Estos son mis mejores recuerdos de mi viaje a Italia con motivo de su canonización el pasado 11 de octubre. No fue como esperaba pero como me gusta decir con San Pablo "Todo es gracia":
La ilusión en el aeropuerto, mi maleta de cabina para viajar ligera de equipaje.
La llegada a Venecia, la habitación de mi hotel en Gesuolo. Abuhardillada y con vistas a un Adriático lleno de neblina desde una terraza estupenda.
La no visita a Venecia nocturna ni en góndola... Es que, aunque nunca he oído esa canción, era "Venecia sin ti".
San Marcos, que maravilla de iglesia, lo peor pasar a 20 metros de la tumba del evangelista. Pedir por mis Marquitos.
El puente Rialto al atardecer. Otra vez "Venecia sin ti". Precioso. Algo tiene Vencia, desde luego.
Padua. Amanecer entre niebla. Silenciosa, preciosa. San Antonio. me resulta simpático este santo.
Florencia. Sin palabras. Única. Buscar un convento que no encontré, bueno encontré el antiguo, y me perdí por sus calles saboreando los pequeños detalles. Volveré.
Asís. De cuento, la ciudad, el paisaje. Rezar ante la tumba de San Francisco y ver la coherencia hasta el final de su pobreza evangélica. Visitar, esta vez sí, a Santa Clara (en el 2000 no me dio tiempo). Como corrimos para verla por aquellas calles medievales empenadísimas. ¡Al día siguiente agujetas! Y ese Cristo de San Damián. Asís me llegó al alma.
Roma... Ver la alegría de los peregrinos, sentirte en casa y ver con ojos de niño, de nuevo, esa ciudad... Cuántos recuerdos de aquellas Jornadas Mundiales de la Juventud de 2000. Me acordé tanto de mis amigos...
Cerrado por inventario
Estaré unos días sin escribir. Hay que poner un poco de orden con la llegada del otoño y disfrutar del silencio.
Hasta pronto

